
Otra vez es el lienzo en blanco,
las ganas de nombrar las cosas por su esencia,
de acotar lo intangible para hacerlo arboleda,
como quien hunde sus instintos
en las aguas ignotas de otros labios
y poliniza sus deseos.
Un desierto en la boca del estómago
que me convierte en alguien
de soledad idiopática
y pulso delirante,
un reincidente más sin anticuerpos
contra el letal silencio
que arrastra la luz hasta el mismo borde
del propio precipicio
donde acero y rescoldo
apenas son un déjà vu.
las ganas de nombrar las cosas por su esencia,
de acotar lo intangible para hacerlo arboleda,
como quien hunde sus instintos
en las aguas ignotas de otros labios
y poliniza sus deseos.
Un desierto en la boca del estómago
que me convierte en alguien
de soledad idiopática
y pulso delirante,
un reincidente más sin anticuerpos
contra el letal silencio
que arrastra la luz hasta el mismo borde
del propio precipicio
donde acero y rescoldo
apenas son un déjà vu.